Guía rápida (que no fácil) para cambiar de hábitos

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de hábitos, sobre todo los malos hábitos? A veces pensamos que hay cosas en esta vida que mejor no existieran, ¿no lo crees? Sin embargo, muchas de esas malas cosas tienen una doble cara. Si te das cuenta de esa doble clara podrás ver los beneficios de eso que hemos etiquetado al principio como malo.

Las bondades de los hábitos

Sin hábitos viviríamos una vida de esfuerzo incesante para tomar toda clase de decisiones. Media hora para decidir a qué hora poner la alarma del despertados. Unos 45 minutos para escoger qué gel comprar en el supermercado. Casi dos horas para decidir a qué supermercado ir esta semana… Si tomar o no esa dirección, si subir andando o en ascensor, si encender el ordenador ahora o un poco más tarde, si saludar al vecino o ignorarle, si comer o beber esto o si aquello tiene mejores o peores propiedades alimenticias… Sólo de pensarlo, ¡agota!

Es por eso por lo que desear que ciertas cosas no existan puede tener sus consecuencias negativas, así que cuidado con lo que deseas… no se vaya a hacer realidad. Sin nuestros hábitos, tanto los malos como los buenos, nuestra mente se tornaría agobiante, llena de preocupaciones, aplastantemente pesada. Este es el motivo de que cueste tanto cambiarlos: son útiles para nuestra supervivencia en la mayoría de las ocasiones.

Me explico. Para nuestro cerebro es más fácil tomar muchas decisiones de forma automática que gastar esfuerzos en sopesar todas y cada una de las alternativas. La evolución ha sido muy práctica y nos ha liberado de una gran cantidad de tareas que ocuparía un tiempo ilimitado. Los hábitos nos ayudan a tomar estas decisiones cotidianas. Así, gracias a ellos, gracias a los dichosos hábitos, somos libres para pensar en cosas más importantes: qué carrera estudiar, cómo hacer feliz a nuestros seres queridos, cómo resolver el problema de llegar a fin de mes…

La paradoja está en que los hábitos se forman de manera casi imperceptible. Cuando nuestro cerebro decide que esta u otra decisión no merece nuestra atención, la convierte en hábito. Y claro, esto pasa tanto al aprender a conducir como al acostumbrarnos a comer con un refresco en vez de con agua, por ejemplo. Como son decisiones cotidianas que se han aprendido, nuestro cerebro se resiste a cambiarlas, son útiles para él, aunque a largo plazo, puede que no para nosotras o nosotros.

Los 5 mejores consejos para cambiar de hábitos

Derivado de años de estudios en el campo de la psicología, aquí te presento los 5 mejores consejos para cambiar los (malos) hábitos:

1. Toma conciencia de tus hábitos: un grupo de estudios recientes muestran cómo los hábitos si bien surgen en la parte emocional y no consciente de nuestro cerebro (el núcleo estriado y el mesencéfalo), son controlados, observados o vigilados por la parte racional y consciente (la corteza prefrontal).

2. Respira profundo y relájate: una vez tomada conciencia del hábito, observarás que surge un fuerte nerviosismo cuando nos resistimos a él. Subo andando en vez de en el ascensor, esta vez beberé agua, este cigarrillo no me lo fumo. Y ahí está la agitación interior que se resiste al cambio. Pues bien respira profundo y espera. ¡Nada dura para siempre!

3. Haz por cambiar las consecuencias inmediatas de tus hábitos: si quieres generar nuevos hábitos, prémiate cuando ejercites los primeros cambios. ¿Acaso no eres merecedor de tu propio orgullo por llevar a cabo aquello que has decidido llevar a cabo? ¿Por qué entonces no te das esa merecida recompensa? Recuerda: tendemos a aprender los comportamientos cuando tras ellos viene una consecuencia placentera (y a la inversa: dejamos los comportamientos cuando la consecuencia es dolorosa).

4. Piensa agradable, piensa útil, piensa con acierto: muchas veces no nos damos cuenta, pero lo que pensamos influye fuertemente en lo que hacemos y sentimos. Pensar agradable es pensar aquello que nos hace sentir bien. ¿Te has visto insultándote a ti mismo alguna vez por mantener un mal hábito? Cuídate, castigarte no te ayudará demasiado… Pensar útil es pensar sólo aquello que nos sirve para algo. ¿De qué sirve pensar en el deseo de cambiar un hábito cuando no está pasando en ese momento? Tal vez deberíamos empezar a ocuparnos en vez de tanto preocuparnos… Pensar con acierto es pensar como un científico. ¿De verdad siempre fuiste así? ¿De verdad nunca conseguirás aquello? Ni somos adivinos ni tenemos todos los datos para afirmar cosas como siempre o nunca.

5. Háblate, no subestimes el poder de la palabra: ya lo dijo otro gran sabio, “un pensamiento lleva a una acción, una acción a un hábito, un hábito a un carácter y un carácter a un destino”. Sin ponerme tan filosófico, sí puedo decir que ha quedado demostrado, en multitud de estudios científicos, que hablarnos positivamente a nosotros mismos a la hora de llevar a cabo tareas, mejora el rendimiento en las mismas. ¡No lo subestimes!


Espero que puedas ponerte en acción y probar estos 5 consejos. Recuerda, toma conciencia, respira, prémiate, piensa con amabilidad y háblate con cariño. Si haces esto de manera continuada durante el suficiente tiempo… ¡en un mes lo tendrás hecho! Cambiarás ese hábito que tan poco te gusta y dejarás de esforzarte: tus buenos y nuevos hábitos harán el trabajo por ti sin darte cuenta.

Estoy seguro de que esto puede ayudarte a superar tus bloqueos, pues un bloqueo personal no es más que un mal hábito que se repite sin cesar, haciéndote creer que no puedes cambiar. No te dejes engañar y convierte tus bloqueos en algo bueno y saludable.

Recibe un fuerte abrazo,

Deja un comentario