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PRESENTACIÓN

¿A qué me dedico, como psicólogo, cuál es mi especialidad?

Hola a todas y todos.

En esta primera entrada me gustaría presentarme. Me llamo Manuel Taboada, soy psicólogo social, clínico y experto en psicología positiva y en mindfulness.

Tras años trabajando para el Ayuntamiento de Madrid ayudando a cientos de personas sin hogar a sobrellevar sus duras situaciones de vida, he decido iniciar un proyecto diferente, muy personal. Hoy escribo esta entrada para anunciarlo públicamente.

Varias veces me han preguntado a qué me dedico, como psicólogo, cuál es mi especialidad.

Me dedico a ayudar a las personas a superar el momento de crisis en el que se encuentran, un momento en que han podido sufrir pérdidas dolorosas, de diferentes formas. Unos han perdido a seres muy queridos para ellos, otros han perdido parte importante de su salud. Personas que se sienten atrapadas. Sin saber qué decisión es esa que deben tomar o viéndose sin energías para hacer los cambios que sí consideran necesarios. Muchas veces piensan que algo malo, irremediablemente, acabará pasando.

Esto les causa muchos problemas como el no poder dormir bien, verse irritados por cualquier conversación, que hacer cualquier cosas les cueste un gran esfuerzo o tener problemas de salud como dolores de cabeza o contracciones musculares. Personas, en definitiva, que se sienten bloqueadas por la situación en que están viviendo.

Muchas intentan mejorar la situación haciendo grandes esfuerzos por su cuenta. Intentan hacer algo de ejercicio, salir más de casa, practicar mindfulness o autocontrolar el bombardeo de preocupaciones que abruman su mente, sin tener los resultados deseados. Esto sólo hace que cada vez se sientan más incapaces y atrapados.

Empiezan a aislarse poco a poco, notando cómo cada vez les apetece menos estar con otras personas, incluidas las personas que más quieren, con quienes viven. Esto puede hacer que se sientan culpables, pero también incomprendidos y solos.

Mi especialidad es ayudar a las personas en estas circunstancias a retomar el control de sus pensamientos y emociones, ayudarles a comprender el sufrimiento que sienten, a encontrar un sentido a sus preocupaciones y poder escoger nuevas metas para su vida una vez hayan desarrollado su fuerza de voluntad.


Debido a todo esto, he creado el programa “Resuelve tus bloqueos personales”, una guía paso a paso para recuperar la seguridad y el control de tu vida, que consta de tres fases:

  1. Comprender desde dónde viene mi sufrimiento y qué es lo que lo mantiene;
  2. Conocer mis fortalezas personales;
  3. Definir nuevas metas para mi vida.

Se trata de un programa de 6 meses y 18 sesiones, citas semanales al principio y quincenales después, en donde se trabaja con tareas y ejercicios entre cada sesión, en modalidad presencial o por videollamada.

En este blog que presento hoy iré explicando más detalles de cómo funciona el programa. Pero también quiero que, a parte de que conozcáis mejor cómo trabajo, sea un espacio donde ofrecer reflexiones que inspiren para alcanzar mayores grados de libertad personal y desarrollar la capacidad para construir el estado de ánimo deseado, a pesar de las circunstancias que nos rodeen.


Tengo la suerte de que mi profesión es también mi pasión y tengo el privilegio de poder dedicar mis esfuerzos a una gran misión:

Ayudar a las personas que pasan por una crisis personal a encontrar sus propias fortalezas personales y un sentido a sus vidas, a reconocer el poder que sí tienen para convivir, con dignidad, con las dificultades que la vida les traiga, convirtiendo lo doloroso en un motor para su crecimiento.

Trabajé durante más de 10 años ayudando a personas sin hogar a convivir con las tragedias en que se habían convertido sus vidas. Hoy puedo decir que todos contamos con más fortalezas personales de las que imaginamos y que somos capaces de tolerar grandes dosis de dolor, y salir, muchas veces, fortalecidos.


Si tienes dudas acerca de si puedo ayudarte, podemos hablar personalmente o por videollamada. La primera cita es gratuita. Así tienes la libertad de conocerme de primera mano. Ponte en contacto conmigo, estaré encantado de resolver tus dudas.

Un abrazo fuerte,

5 Formas Rapidísimas (que No Fáciles) de Cambiar Tus Hábitos

Guía rápida (que no fácil) para cambiar de hábitos

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de hábitos, sobre todo los malos hábitos? A veces pensamos que hay cosas en esta vida que mejor no existieran, ¿no lo crees? Sin embargo, muchas de esas malas cosas tienen una doble cara. Si te das cuenta de esa doble clara podrás ver los beneficios de eso que hemos etiquetado al principio como malo.

Las bondades de los hábitos

Sin hábitos viviríamos una vida de esfuerzo incesante para tomar toda clase de decisiones. Media hora para decidir a qué hora poner la alarma del despertados. Unos 45 minutos para escoger qué gel comprar en el supermercado. Casi dos horas para decidir a qué supermercado ir esta semana… Si tomar o no esa dirección, si subir andando o en ascensor, si encender el ordenador ahora o un poco más tarde, si saludar al vecino o ignorarle, si comer o beber esto o si aquello tiene mejores o peores propiedades alimenticias… Sólo de pensarlo, ¡agota!

Es por eso por lo que desear que ciertas cosas no existan puede tener sus consecuencias negativas, así que cuidado con lo que deseas… no se vaya a hacer realidad. Sin nuestros hábitos, tanto los malos como los buenos, nuestra mente se tornaría agobiante, llena de preocupaciones, aplastantemente pesada. Este es el motivo de que cueste tanto cambiarlos: son útiles para nuestra supervivencia en la mayoría de las ocasiones.

Me explico. Para nuestro cerebro es más fácil tomar muchas decisiones de forma automática que gastar esfuerzos en sopesar todas y cada una de las alternativas. La evolución ha sido muy práctica y nos ha liberado de una gran cantidad de tareas que ocuparía un tiempo ilimitado. Los hábitos nos ayudan a tomar estas decisiones cotidianas. Así, gracias a ellos, gracias a los dichosos hábitos, somos libres para pensar en cosas más importantes: qué carrera estudiar, cómo hacer feliz a nuestros seres queridos, cómo resolver el problema de llegar a fin de mes…

La paradoja está en que los hábitos se forman de manera casi imperceptible. Cuando nuestro cerebro decide que esta u otra decisión no merece nuestra atención, la convierte en hábito. Y claro, esto pasa tanto al aprender a conducir como al acostumbrarnos a comer con un refresco en vez de con agua, por ejemplo. Como son decisiones cotidianas que se han aprendido, nuestro cerebro se resiste a cambiarlas, son útiles para él, aunque a largo plazo, puede que no para nosotras o nosotros.

Los 5 mejores consejos para cambiar de hábitos

Derivado de años de estudios en el campo de la psicología, aquí te presento los 5 mejores consejos para cambiar los (malos) hábitos:

1. Toma conciencia de tus hábitos: un grupo de estudios recientes muestran cómo los hábitos si bien surgen en la parte emocional y no consciente de nuestro cerebro (el núcleo estriado y el mesencéfalo), son controlados, observados o vigilados por la parte racional y consciente (la corteza prefrontal).

2. Respira profundo y relájate: una vez tomada conciencia del hábito, observarás que surge un fuerte nerviosismo cuando nos resistimos a él. Subo andando en vez de en el ascensor, esta vez beberé agua, este cigarrillo no me lo fumo. Y ahí está la agitación interior que se resiste al cambio. Pues bien respira profundo y espera. ¡Nada dura para siempre!

3. Haz por cambiar las consecuencias inmediatas de tus hábitos: si quieres generar nuevos hábitos, prémiate cuando ejercites los primeros cambios. ¿Acaso no eres merecedor de tu propio orgullo por llevar a cabo aquello que has decidido llevar a cabo? ¿Por qué entonces no te das esa merecida recompensa? Recuerda: tendemos a aprender los comportamientos cuando tras ellos viene una consecuencia placentera (y a la inversa: dejamos los comportamientos cuando la consecuencia es dolorosa).

4. Piensa agradable, piensa útil, piensa con acierto: muchas veces no nos damos cuenta, pero lo que pensamos influye fuertemente en lo que hacemos y sentimos. Pensar agradable es pensar aquello que nos hace sentir bien. ¿Te has visto insultándote a ti mismo alguna vez por mantener un mal hábito? Cuídate, castigarte no te ayudará demasiado… Pensar útil es pensar sólo aquello que nos sirve para algo. ¿De qué sirve pensar en el deseo de cambiar un hábito cuando no está pasando en ese momento? Tal vez deberíamos empezar a ocuparnos en vez de tanto preocuparnos… Pensar con acierto es pensar como un científico. ¿De verdad siempre fuiste así? ¿De verdad nunca conseguirás aquello? Ni somos adivinos ni tenemos todos los datos para afirmar cosas como siempre o nunca.

5. Háblate, no subestimes el poder de la palabra: ya lo dijo otro gran sabio, “un pensamiento lleva a una acción, una acción a un hábito, un hábito a un carácter y un carácter a un destino”. Sin ponerme tan filosófico, sí puedo decir que ha quedado demostrado, en multitud de estudios científicos, que hablarnos positivamente a nosotros mismos a la hora de llevar a cabo tareas, mejora el rendimiento en las mismas. ¡No lo subestimes!


Espero que puedas ponerte en acción y probar estos 5 consejos. Recuerda, toma conciencia, respira, prémiate, piensa con amabilidad y háblate con cariño. Si haces esto de manera continuada durante el suficiente tiempo… ¡en un mes lo tendrás hecho! Cambiarás ese hábito que tan poco te gusta y dejarás de esforzarte: tus buenos y nuevos hábitos harán el trabajo por ti sin darte cuenta.

Estoy seguro de que esto puede ayudarte a superar tus bloqueos, pues un bloqueo personal no es más que un mal hábito que se repite sin cesar, haciéndote creer que no puedes cambiar. No te dejes engañar y convierte tus bloqueos en algo bueno y saludable.

Recibe un fuerte abrazo,

Los 7 secretos mejor guardados de las emociones y pensamientos

Los 7 secretos mejor guardados de las emociones y pensamientos

Las emociones y los pensamientos forman parte de nuestras vidas tanto como el beber y el dormir, están presentes en nuestra cotidianeidad, como lo están el sol por el día y la luna por la noche. Sin embargo a veces se nos tornan bien intrigantes y misteriosos.

Son dos compañeros de viaje que nos acompañan de forma constante. Unas veces nos hacen regalos agradables como el sosiego, el amor o la alegría. Pero otras veces nos acompañan sin nuestro permiso, llamando insistentemente a nuestra puerta con mensajes desagradables:

“¡cuidado, no vayas a lamentar lo que haces o dejas de hacer!”

“¿y si coges una enfermedad por hacer eso o lo otro?”

“¡pero cómo eres así, no ves que así no vales!”

Desde hace siglos se viene cuestionando qué relación tienen entre ellos estos dos compañeros inseparables: el pensamiento por un lado, y la emoción por el otro. ¿Por qué siento tristeza o alegría, por qué odio o atracción? ¿Es acaso cierto que se pueden dominar las pasiones? ¿Si al pensar en cosas agradables siento también cosas agradables, puedo simplemente cambiar mis emociones con el pensamiento? Estas y otras muchas preguntas han estado presentes desde que existen registros escritos (y seguramente desde hace mucho tiempo atrás).

Tras años de estudios y acumulación de multitud de conocimientos, te presento los secretos de las emociones y pensamientos que nunca (o casi nunca) nos enseñaron cuando éramos pequeños o pequeñas: 

1) Las emociones NO están determinadas por lo que nos ocurre, sino por cómo pensamos: es el pensamiento el que mayormente determina lo que sentimos.

Es curioso cómo de común son expresiones del tipo:

“me molesta la actitud de esta persona, no la soporto”

“odio los días lluviosos, me ponen triste”

“¡que bien que ha llegado el fin de semana!”

Multitud de cosas que nos ocurren nos son molestas, nos irritan, nos enfadan… o nos alegran. Pues bien, como ya decían los antiguos:

“no pretendas que las cosas ocurran como tú quieres, desea, más bien, que se produzcan tal y como se producen y serás feliz” (Epicteto de Frigia)

Epicteto nos quería decir que depende de lo que esperemos (pensemos) del mundo, así nos sentiremos. Los atascos, se dan. Los días lluviosos, existen. Las actitudes que nos molestan de los demás, ahí están. Empecemos por darnos cuenta entoncs que no todas las cosas son como nos gustarían que fueran. Que deseemos que algo sea distinto a cómo en realidad es, no es motivo necesario para desesperarse y sufrir.

Que es el pensamiento el que mayormente determina lo que sentimos es un conocimiento que, si bien para la mujer y para el hombre occidental parece contradictorio, pues desde la infancia nos suelen enseñar que la felicidad se alcanza consiguiendo nuestras metas, en el lejano oriente es algo que se viene aceptando y practicando desde mucho antes que apareciera la sociedad industrializada.

Las filosofías antiguas tuvieron desarrollos distintos en distintos lugares. Desde Grecia fue extendiéndose por Europa la idea de que la mente humana es capaz de conocer las partes que conforman la realidad y, por tanto, modificar ésta a imagen y semejanza de sus necesidades para alcanzar la felicidad.

Por el contrario, en oriente la filosofía tomó otro camino: para alcanzar la felicidad, el conocimiento de la mente humana puede llevar a la supresión del sufrimiento.

Así, una filosofía se dirigió hacia el exterior de la mente, la occidentes, y la otra hacia el interior de la menta, la oriental. Hoy tenemos muchos ejemplos de cómo estas dos filosofías buscan un reencuentro. En occidente, hoy nos estamos dando cuenta de que es el poder del pensamiento lo que determina nuestros sentimientos y emociones.

2) Las emociones que generan malestar NO son, en sí mismas, negativas ni desechables. Todas las emociones son válidas e importantes.

Damos a las emociones el significado de bueno o malo con bastante facilidad. Malo es estar triste, bueno es estar alegre. Mala es la ira, buena la paz. Buena es la pasión, malo el aburrimiento. Entonces, ¿de qué sirven las emociones que generan malestar? ¿Quién las puso ahí? ¿Para qué? ¿Por qué se inventaron?

En realidad las emociones se “inventaron” para ayudarnos. Son compañeras de viaje que a veces molestan, pero si no estuvieran… ya os podéis imaginar qué sería de nosotros. No tendríamos miedo a hacernos daño físico, no sentiríamos asco por la comida podrida, tampoco vendría nadie a consolarnos si no nos viera triste, ni nos defenderíamos de nadie sin la ira, es cuestión, entonces, de equilibrio.

¿No será eso, el exceso, el que es negativo y desechable?: exceso de tristeza, de ira, de aburrimiento… Hoy conocemos la importancia de las emociones para la adaptación de las personas al medio en el que viven. La psicología moderna está abriendo un campo de investigación novedoso, la psicología positiva.

El cambio es radical: estudiar las fortalezas en vez de estudiar lo que nos hace sufrir. Estudiar las características de las personas que alcanzan salud emocional, en vez de estudiar las características de las personas que mantienen un sufrimiento prolongado debido a una salud desmejorada.

Lo que se desprende de estos estudios es que es nuestra relación con las emociones producen malestar, lo que determina la salud. La diferencia está en quien interpreta las emociones desagradables como una señal para el cambio en vez de quien las interpreta como una señal de alarma. O quien no evita, sino que afronta las emociones desagradables, tiene más probabilidades de alcanzar un bienestar equilibrado, sin exceso de emociones dolorosas, pero también sin exceso de emociones placenteras.

3) SÍ somos capaces de cambiar nuestro estado emocional (si sabemos cómo…)

Cuando vivimos un exceso de odio, de miedo, de ira, de aburrimiento, de tristeza…, a veces nos sentimos atrapados, incapaces de cambiar “el chip”. Uno de los principales obstáculos para cambiar nuestras emociones es, precisamente, creer que no se pueden controlar, que las emociones no dependen de nosotros en absoluto.

Tal y como decía Albert Ellis, la idea de que la desgracia humana se origina por causas externas y la gente tiene muy poca capacidad o ninguna de controlar sus perturbaciones es una idea, en sí misma, irracional. El hecho de que una cantidad de personas lo crean verdadero, no lo hace verdadero. Así, aquello que duele de lo que ocurre fuera es, en esencia, un dolor que se origina dentro de uno mismo. El dolor no está ahí fuera.

Cuando no conocemos los secretos de las emociones y pensamientos (ni hemos practicado las habilidades que nos desvelan), no conocemos cómo afrontar las emociones y los pensamientos desagradables. Y cuando no conseguimos desembarazarnos de ellos, aumentamos la creencia en que no somos capaces. Cada intento frustrado, alimenta la idea de que nada podemos hacer. Esto puede pasar porque hay secretos de las emociones y los pensamientos que nunca (o casi nunca) nos han contado.

4) Es necesario observar y nombrar las emociones que sentimos. Es FALSO que las emociones sean signo de debilidad y tengamos que ignorarlas para ser más racionales o maduros.

No es débil, irracional o inmaduro el que siente pena o desasosiego ni el que siente ilusión o admiración. No es irracional o inmaduro el que teme ser rechazado o ignorado ni aquel que se emociona cuando le halagan. La madurez en cambio se demuestra con ese signo de responsabilidad que representa el afrontar aquello que nos ocurre.

Parece como si dar importancia a estas cosas que sentimos y pensamos fuera menos importante que centrarse en estudiar, buscar trabajo o tener éxito y dinero. Sin embargo, nuestras emociones tienen una función evolutiva que consiste en señalarnos, como de una alarma, mensaje o llamada fuera, aquello que tal vez necesitemos. El primer paso es, entonces, responsabilizarnos de nosotros mismos, de nuestro bienestar y de nuestro futuro. Para ello hay que preguntarse qué estoy sintiendo.

Me gustaría hacerte una pregunta: ¿Sabrías poner adjetivos a lo que sientes ahora mismo, más allá de un escueto, “me siento bien” o “me siento mal”?

5) La madurez (la madurez emocional) consiste en responsabilizarnos de nuestro propio bienestar y NO se demuestra por el buen desempeño laboral, ni por el éxito laboral, económico o social que obtengamos.

Dado el primer paso de aventurarnos a descubrir qué es lo que sentimos, toca ahora esforzarnos por descubrir qué es lo que pensamos.

Cuando empezamos a comprender el poder que el pensamiento tiene para generar emociones empezamos a comprender el valor de pensar con auténtica madurez y bien entendida racionalidad.

La madurez se entiende como la responsabilidad que todos tenemos en nuestro propio bienestar y por tanto, parte de nuestra responsabilidad está en el curso de los pensamientos que voluntariamente generamos. Tal vez Gandhi tenía razón cuando afirmaba que el cambio empieza por uno mismo.

Seguramente no podemos cambiar el mundo, no podemos cambiar la lluvia por el sol, ni las guerras, ni la actitud dañina de los demás. Lo que sí está en nuestras manos cambiar es aquello que nos decimos a nosotros mismos, aquello en lo que decidimos pensar, aquello a lo que escogemos prestar atención. También está en nuestras manos, aunque parezca contradictorio, el significado que damos a las cosas mismas. La lluvia, la guerra, las actitudes dañinas… significan cosas distintas en personas distintas. El significado de los que nos ocurre y del mundo en sí mismo, es un significado construido por nuestros propios aprendizajes. Responsabilicémonos.

6) Es el esfuerzo en pensar (con madurez emocional y bien entendida racionalidad) lo que nos hará dueño de nuestras emociones

Una vez adquirido el compromiso con la responsabilidad en nuestro propio bienestar: ¿en qué y cómo pensar para alcanzarlo? La investigación psicológica ha demostrado que existe una forma de pensar que genera mayores niveles de salud y libertad personal.

La bien entendida racionalidad, no consiste en razonar todo lo que hacemos o decimos, ni en negar y rechazar las emociones negativas, sino en todo lo contrario… Me explico. Para hacerme entender voy a recurrir a uno de los grandes investigadores y terapeutas de la psicología cognitiva: el profesor Aaron T. Beck.

Según él, un pensamiento inmaduro sería: “soy un miedoso”. En cambio, un pensamiento maduro y racional sería: “soy medianamente miedoso, bastante generoso y ciertamente inteligente”, por ejemplo. Este ejemplo muestra que la ecuanimidad es una virtud realmente poderosa. Esta última es una idea más competa, justa y madura.

Es nuestra responsabilidad, entonces, cuestionarnos si el pensamiento que hemos tenido es realmente maduro y razonable. ¿Me estoy hablando de forma absolutista o relativa? ¿Variable o invariable? ¿Juzgándome o comprendiéndome? ¿Condenándome o salvándome?

No es lo mismo descubrirnos a nosotros mismos diciéndonos:

“soy un despreciable cobarde, siempre lo fui y lo seré, siento miedo porque así es mi carácter y nada puedo hacer…”;

Que esforzarnos por comprender que es posible que, dado el caso cierto de sentir miedo:

“puedo ser más miedoso que otros (pero no despreciable por eso); no siempre soy miedoso, sino que mis miedos varían de una situación a otra y sí puedo aprender a afrontar las situaciones de otras maneras y afrontar mis miedos”

7) Las emociones y los pensamientos que no deseamos no podemos apagarlos como si tuviéramos un interruptor interno de ON/OFF. Sin embargo, aceptándolos y acompañándolos, SÍ podemos cambiarlos.

Cuanto más intentemos evitar el dolor emocional… este se volverá con más fuerza contra nosotros. A veces nos encadenamos en pensamientos dolorosos, como si profundizando en ellos algo fuera a cambiar. Pero suele ser mucho más útil aceptar que estamos teniendo esos pensamientos y esas emociones dolorosas que luchar contra ellos, por paradójico que parezca.

Aceptarlos significa que, por mucho que nuestra mente se vea bombardeada por esos indeseables pensamientos y sentimientos, no debemos alarmarnos. Aceptarlos significa entender que hay una diferencia entre la realidad externa y la realidad interna. Que sientas algo o pienses algo no significar que SEAS eso que piensas o sientes.

Es una habilidad muy poderosa diferenciar SER y ESTAR. Puedes estar triste, incluso durante varios meses o años de tu vida, pero no por eso SER triste. En cambio, si nos alarmamos al sentir o pensar cosas dolorosas, acabamos en un estado mental de vigilancia extrema.

Al rechazarlos y temerlos, declaramos a nuestra atención en modo de vigilancia, siempre atenta a cuando aparezca el dolor, esperando su llegada para atacarlo, como un francotirador ante el enemigo. ¿Qué conseguimos así? Sólo que el dolor vuelva a aparecer, que venga para quedarse. Porque le damos más importancia de la que tiene.

Pero recuerda, tú eres una persona válida, única e importante, y dichos bombardeos de emociones y pensamientos dolorosos son sólo una parte de ti. No te resistas siempre a ellos: acompáñalos. Te he dado algunas calves para hacerlo. Acompañar el dolor significa re-pensarlo con amabilidad y responsabilidad. ¿Son esos pensamientos y emociones absolutistas, moralistas o condenatorias? 


Ahora toca entrenar. No abandones. Convierte la responsabilidad en tu propio bienestar en un hábito. No busques apagar el interruptor de las emociones desagradables, porque producirás un cortocircuito. No te culpes, ese bombardeo de pensamientos y sentimientos desagradables ira reduciéndose. Ejerce tu responsabilidad con humildad y tesón. Dará resultados. Te lo aseguro.

Porque hace unas décadas se ha realizado uno de los mayores descubrimientos para la humanidad: la plasticidad cerebral.

Un proceso que existe a cualquier edad. Al re-aprenderte y re-aprender la vida, dentro, muy dentro de nosotros, crecen nuevas conexiones entre neuronas. Con cada gesto de responsabilidad en nuestro bienestar, con cada acto de madurez, con cada nuevo pensamiento, nuestro cerebro cambia. Un día te sorprenderás libre, dueño de tus emociones, sintiendo dolor, pena, rabia, pero sin encadenamientos. Libre para cambiar. Libre para decidir.

Espero de todo corazón que estos 7 secretos inspiren un cambio en ti, que te ayuden a resolver tus bloqueos personales.

Recibe un gran abrazo,

Superar tus miedos

Superar tus miedos

En esta entrada te cuento:

Cómo hacer para vencer todo aquello que deseemos vencer. Pero con cabeza. Con salud. Con inteligencia. Vamos, que seré muy práctico y realista. Trataré de enseñar qué se puede hacer para superar cualquier miedo, siempre que sea un miedo irreal, irracional o incompatible con tu desarrollo laboral o personal (por que sí, hay miedos que merece la pena mantener).

Fases para superar el miedo

1º. Conoce tus miedos, obsérvalos. Se curioso.

Conócelo, obsérvalo. Se curioso. No apartes la mirada, no reniegues de tu cuerpo. Muchas veces no sólo tenemos miedo a algo, sino también a experimentar miedo en el cuerpo. Por que nuestro cuerpo hace cosas desagradables cuando siente miedo. Lo que ocurre es que necesitamos experimentar esas reacciones corporales. Si no llegamos a conocerlas, a identificarlas, sin asustarnos, no podremos saber cuándo estamos empezando a ponernos temerosos. Tampoco podremos superarlo. Si no nos damos cuenta de nuestro cuerpo, él nos avisará de otras formas: un ataque de pánico repentino, un problema muscular, digestivo o cardiovascular… Es preciso escuchar.

2º. Ordena tus miedos, divídelos.

Ordenar para vencer. Dividir para vencer. Es sentido común aplicado al bienestar personal. Si algo te atemoriza en extremo, acércate poco a poco. La humildad y la modestia es aquí, un don. El miedo nos enseña nuestros límites, aquellas situaciones que nos superan. Pero gracias a estos aprendizajes, con humildad y modestia, podemos escoger retos más pequeños. Así, por paradójico que parezca, venceremos al miedo más grande. Dando un rodeo. Empezando por aquello que, dándonos miedo, es un miedo que toleramos, un miedo que sí podemos superar.

3º. Convive con el miedo que hayas escogido vencer.

Convive con el miedo, el miedo que tú hayas escogido. Lo bello del miedo es que nos señala cuándo debemos parar o retroceder. Se trata de hacer una parada táctica. Tal vez retroceder unos pasos. Si conoces el miedo y cómo lo experimenta tu cuerpo y sabes escoger una meta equilibrada, has vencido. O lo harás antes de lo que piensas. Se trata de escoger tus propias metas con un nivel de miedo que toleres. Requiere esfuerzo. Pero un esfuerzo tolerable. Haciendo del miedo un aliado, puedes escoger con qué nivel de miedo quieres convivir. Y continúa, habiendo escogido tú los capítulos de tu propia aventura. A tu ritmo. Conviviendo con las emociones que tú decidas convivir. Escogiendo qué intensidad estás dispuesto a experimentar. Antes de lo que te imaginas, el miedo habrá cambiado. Si esperas un poco más, el miedo irreal, el aprendido, el que sabes que no tiene sentido de ser, ese miedo que quieres superar, con un poco de tiempo, desaparecerá.

4º. Termina de vencerlo en paz, o no termines. En ese caso, vuelve a repetir cuando tomes aliento.

Como se suele decir en estos casos, ahora viene el último punto, pero no por ello menos importante. Al revés. Se puede decir que, sin esta última fase, no se consigue superar los miedos. Consiste en terminar calmado, o no terminar. Me explico. Si te has propuesto superar un miedo, pero no lo has conseguido, no lo dejes. Si algo te ha asustado, vuelve a acercarte, vuelve a intentarlo. Los seres humanos aprendemos mucho por las consecuencias de lo que hacemos. Y si huyes de algo que te ha asustado, lo que vas a aprender es que huir es lo que hace que el miedo se calme. Y así, al final aprendemos que huir es lo único que necesitamos, haciendo que el miedo crezca. Lo suelo explicar de otro modo. Cuando un profesor de equitación le dice al alumno que vuelva a subirse al caballo del que se ha caído, lo hace por un motivo. Si el alumno se va su casa sin haberse subido de nuevo, el profesor sabe que, con toda seguridad, ese alumno no volverá a clase…

Tu guía definitiva para superar tus miedos

1º. Conoce tus miedos, obsérvalos. Se curioso.

 2º. Ordena tus miedos, divídelos.

 3º. Convive con el miedo que hayas escogido vencer.

 4º. Termina de vencerlo en paz, o no termines. En ese caso, vuelve a repetir cuando tomes aliento.

Con estos sencillos, aunque costosos pasos, podrás superar el miedo que te propongas superar. Te recuerdo que, si sientes que los miedos te superan, afectan a tu trabajo o a tus relaciones, o te están haciendo perder la esperanza en un buen futuro para ti, solicita orientación de un especialista.

Si tienes dudas o quieres que en próximas entradas tratemos algún tema en particular, no lo dudes, escribe en los comentarios. ¡Te responderé lo antes posible!

Recibe un fuerte abrazo,

Flexibilidad cognitiva

Flexibilidad cognitiva

o por qué cambiar de opinión

Cambiar de opinión es algo bello y que demuestra una excelente habilidad personal en quien lo reconoce. Sin embargo no creo que muchos lectores estén de acuerdo con esta afirmación.

Claro que no me refiero a actitudes de poco compromiso, a cambiar de chaqueta según convenga o a una falta de valores. Cuando afirmo que cambiar de opinión es algo bello no me refiero a nada de esto, sino a todo lo contrario. Cambiar de opinión es algo bello cuando demuestra valentía y humildad. Cambiar de opinión es algo bello cuando demuestra inteligencia y sabiduría.

Cuando cambiar de opinión no es una debilidad

Las opiniones se construyen muy fácilmente. ¿Quién no ha dado la razón a un amigo sobre asuntos que desconocemos? ¿Quién no ha votado a un partido político sin leerse su programa? Expresamos opiniones y llegamos a conclusiones de forma rápida, y eso ayuda muchísimo a sentirnos parte de un grupo y a tomar decisiones útiles para nuestro día a día, sin tener que dudar de todo o todos.

Sin embargo cuando somos capaces de cambiar de opinión demostramos que entendemos que la verdad es algo relativo que tiene que ver más con el punto de vista que con el mundo real. Suena a relativismo y caos, pero no nos referimos a los valores, al bien y el mal. En todas las culturas humanas se reconocen las virtudes de la sabiduría, el bien común, la valentía, la transcendencia, la justicia y la templanza. No, no nos referimos a eso. Nos referimos a cuando nos enfrascamos en discusiones sobre cómo es el mundo o los demás, a cuando odiamos, nos enfadamos o gritamos. Cuántas relaciones de pareja se rompen por no saber cambiar de opinión. Cuánta prepotencia hay en creerse las propias opiniones como verdades absolutas. Quien no duda de sus propias creencias cree, en parte, ser capaz de alcanzar la verdad última, como lo haría un dios.

Cuando cambiar de opinión demuestra entereza y sabiduría

Aunque pueda sonar contradictorio, mantener una misma opinión pase lo que pase demuestra debilidad. Es debilidad por no ser capaz de tolerar la incertidumbre, por no ser capaz de aceptar que la vida nos pone en situaciones novedosas que no tienen por qué ser iguales a las cosas que ya hemos vivido. Pensar que la opinión que tenemos formada sobre algo puede explicarlo siempre por el simple hecho de haberlo experimentado durante unos días, meses, años… es un acto de inocencia tremenda. La existencia humana es un nanosegundo comparado con la existencia de la vida. Y la existencia de una persona en particular… casi no puede contarse como para afirmar que lo que opinemos de las cosas serán verdades infinitas. ¡Que tremenda osadía!

Mantener una misma opinión pase lo que pase demuestra intolerancia. Los extranjeros son…, las mujeres son…, lo africanos, indios, policías, curas, presidentes, empleados, jefes, niños, profesores, presos, funcionarios, pobres, ricos, delincuentes, médicos, loqueros, astronautas o extraterrestres son… Sobregeneralizaciones. Cada vez que expresamos una opinión sobre un grupo de personas cometemos graves errores, demostramos poca inteligencia y sabiduría y demostramos actitudes intolerantes cuando no aceptamos que podemos cambiar de opinión. Vuelve a ser tremendamente inocente pensar que todos los africanos son iguales, que todas las mujeres son iguales, que todas las personas son iguales… Es muy poco inteligente pensar que podemos alcanzar verdades absolutas sobre algo tan complejo como la vida de las personas.

Cuando cambiar de opinión es inteligente

Mantener una misma opinión pase lo que pase ahoga la creatividad y es peligroso. Los habitantes de la Isla de Pascua creían que para obtener comida para todos tenían que construir más tótems de piedra hasta que su isla no pudo sostener a todos sus habitantes. Eran demasiados y el clima cambió. Nada tenía que ver con los tótems. Si perdemos la creatividad por temor a cambiar de opinión podemos ahogarnos en un vaso de agua o pelear contra fantasmas. Es peligroso también para nuestra salud mental. Si no cambiamos de opinión sobre nosotros mismos, los demás o el mundo cuando nosotros mismos, los demás y el mundo cambian… compartiremos nuestra existencia con la rabia, la ansiedad o la depresión.

Así es que te propongo cambiar de opinión. Pero por favor, no cambiemos de opinión en todo a la vez ni cambiemos de opinión de forma constante. El equilibrio sabio y ecuánime, saludable y útil, se encuentra en no tener miedo a cambiar de opinión si vemos que lo necesitamos. La idea es crear opiniones firmes que poder cambiar si encontramos motivos de peso para hacerlo. Te aconsejamos a que formes opiniones críticas y basadas todo lo posible en hechos, no en interpretaciones, pero siempre siendo consciente de que no serán nunca verdades absolutas. Serán siempre opiniones hasta que tu salud, la vida o tus seres queridos demuestren lo contrario. Haz de tu capacidad para cambiar de opinión en público y en privado, un acto de valentía y humildad.

Recibe un fuerte abrazo,

No entiendo qué me pasa

No entiendo qué me pasa

Muy bienvenida o muy bienvenido a esta primera entrada de mi blog. Aunque, en realidad, es la segunda entrada. Lo que ocurre es que con la primera sólo quise presentar mi nuevo proyecto y dar a conocer qué me motiva a escribir aquí. Pero hoy quiero hablarte de cómo puedes reducir tu sufrimiento. En concreto de cuando nos decimos a nosotros mismos “no entiendo qué me pasa”. A veces sufrimos sin encontrar un sentido claro. ¿Nunca te ha ocurrido?


¿Qué me pasa, si todo va bien?

Hay ocasiones en la vida en que no entendemos qué nos pasa porque no le encontramos lógica. Miramos nuestra vida y nos decimos: “si lo tengo todo”. Una familia que me quiere, a su modo, al menos. No paso hambre ni frío. He tenido oportunidades para estudiar. No tengo una enfermedad grave que me impida ser feliz. Entonces, ¿qué me pasa? Esto puede hacer que te sientes mal por sentirte mal. Cómo si fueras culpable por no ser feliz. ¿Nunca te ha pasado?

Mirar desde arriba para entender qué me pasa

Lo primero que te aconsejo es tomar distancia. Como decían los sabios: que el árbol no te impida ver el bosque. Se que es complicado. Sobre todo, cuando el dolor es muy intenso. Sin embargo, cuando te esfuerzas un poco, pronto sentirás alivio. ¿Cómo? Imagina que eres un dron que se eleva en el cielo. El dron lleva una cámara. Imagina que esta cámara es, en realidad, tu atención. Y enfoca hacia abajo. Allí abajo estás tú mismo o tú misma. Sufriendo. Mira el dolor con distancia. Esto no lo elimina, pero si crea un espacio. En ese espacio vas a poder tomar un poco las riendas de ese dolor.

Leer las emociones para entender qué me pasa

El dolor y el sufrimiento se producen por diversas causas. Mucho me temo, que, aunque a veces todas y todos lo hayamos deseado, no hay una sólo cosa que elimine el dolor. Pero, aunque hay varias cosas, lo bueno es que puedes influir positivamente en la mayoría de ellas. Una de las causas del sufrimiento son las emociones no atendidas. Si, cuando no las escuchamos. Cuando no las comprendemos. Cuando no las cuidamos. Las emociones surgen de dos impulsos muy básicos: acercarse o alejarse, gusto o disgusto, placer o dolor. Después vienen las cinco clásicas: alegría, tristeza, miedo, rabia y asco.

Muchas veces no comprendemos porqué sufrimos porque no comprendemos las emociones. Estas no nos piden nada en especial. Sólo que las escuchemos. Quieren ser protagonistas cuando vienen a visitarnos. Quieren saber que son atendidas como a un buen invitado. Por eso te invito a que hagas lo siguiente. Primero observa cuántas de esas emociones estás sintiendo en el momento en que te sientes desbordado o desbordada. ¿Qué te piden que hagas?

La rabia te pide que te defiendas. La tristeza te pide que aceptes que has perdido algo importante para ti. El asco te pide que te alejes y que avises a los demás que algo peligroso para tu salud y la de tus seres queridos anda suelto… El miedo te pide que te paralices, que huyas o que te protejas porque hay algo que pone en peligro tu vida. Recuerda que las emociones no te exigen que hagas lo que te piden, pero sí te exigen que las escuches. De lo contrario van a estar golpeando la puerta de tu morada interior hasta que abras la puerta o hasta que hagan un hueco en la pared por donde dejarse oír.


Lo bello de comprender qué me pasa

Si no fuera por el dolor que producen las emociones, no podríamos saber qué nos piden. Es ese dolor, entonces, una señal de que necesitamos algo. Puede que no sea necesario hacer grandes cambios. Muchas veces sólo con escuchar ya es suficiente.

Ahí radica la belleza. Si entiendes la belleza tal y como yo lo hago, podrás dar un sentido a tu sufrimiento. Por que la belleza la encuentro al tomar conciencia del sentido de las cosas.


Aquí me despido, hasta la próxima entrada.

Un fuerte abrazo